«Milei al Gobierno. Karina al poder»

“Milei al Gobierno. Karina al poder”. Si alguien lo hubiese dicho en campaña electoral o apenas Javier Milei se sentó en la poltrona de Rivadavia de la Casa de Gobierno, el 10 de diciembre, todos hubiesen pensado que estaba loco.

Pero no.

Los más de 200 días del desordenado gestión de La Libertad muestran un Gobierno bicéfalo (sí, como el de Néstor y Cristina Kirchner): Milei conduce la economía -lo que más sabe y más le gusta- y la política internacional -lo que menos sabe y menos le gusta- y su hermana Karina -”El jefe”, como él la llama-, secretaria General de la Presidencia, la administración del Poder Ejecutivo y la política partidaria.

Ninguno opina ni se mete en las áreas del otro. Y ambos se apoyan.

Ambos son implacables y voraces. Y sumamente desconfiados.

No trepidaron en echar virtualmente a patadas al ministro de Infraestructura, Guillermo Ferraro; ni al jefe de Gabinete, Nicolás Posse; ni al jefe de la Casa Militar, Alejandro Guglielmi, entre otros.

Tampoco cavilaron demasiado en hacer una alianza a hurtadillas con la excandidata presidencial, la zigzagueante Patricia Bullrich, para intentar anestesiar y absorber a su partido aliado Pro, cuyas riendas ahora vuelve a conducir el expresidente Mauricio Macri.

Por caso, Macri en estos casi siete meses de gestión libertaria tiene varias cuentas pendientes con Milei, quien lo trató con ostensible desdén en ese lapso. Y ya las empezó a cobrar tras el alumbramiento de la Ley de Bases.

La voracidad y gestos arbitrarios es tal que en abril -cuando el comando bicéfalo ya le había bajado el pulgar a Posse-, era la secretaria General de la Presidencia la que encabezaba las reuniones de ministros en presencia del jefe de Gabinete.

Milei no iba adrede a la Casa Rosada con el argumento poco creíble de “cuestiones de agenda”.

La avidez llega a límites insospechados: “El jefe” se quedó con las oficinas del jefe de Gabinete, en el primer piso, contiguas a la del Presidente, algo que, según cuentan empleados de la Casa Rosada, “nunca había ocurrido”.

El actual jefe de Gabinete, Guillermo Francos -a quien ya lo llaman “El equilibrista” porque navega en ondulantes aguas bicéfalas-, sigue ocupando resignado el mismo despacho de la planta baja que tenía como ministro del Interior.

Mientras tanto, el Gobierno bicéfalo funciona a pleno: Milei se obsesiona con el “déficit cero” y ahora, con la “emisión cero”, y asimismo en aguijonear cada tanto a su par de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, o a los jefes de Estado de Colombia, Venezuela, Rusia, China o España, con los cuales no comulga.

Y Karina es un pacman que avanza casilleros sin retroceder: primero la Jefatura de Gabinete y después la Cancillería.

En Capital Humano no pudo. Hasta ahora, el único “no” de Milei.

Y la obsesión de “El jefe” es lograr la personería nacional del partido, trámite para el que en verdad le falta poco.

Por ahora, el Gobierno bicéfalo funciona: “Milei al Gobierno, Karina al poder”.

El eslogan emula a la fórmula setentista pergeñada en Madrid para que el expresidente Juan Perón volviese al poder. “Cámpora al Gobierno, Perón al poder”.

Así, Héctor J. Campora -”El Tío”- asumía la presidencia el 25 de mayo de 1973. Lo demás es historia.(Parlamentario)


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