Los líderes europeos buscan en Bruselas un acuerdo por la inmigración
Una cumbre informal de 16 de los 28 países de la Unión Europea (UE) comenzó hoy en Bruselas para buscar respuestas comunes al urgente tema de la inmigración, con posturas que van desde crear centros de desembarco hasta el duro control de las fronteras.
Al ingresar al encuentro, que funciona como prólogo de los debates del 28 y 29 de junio del Consejo Europeo, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, sostuvo que, junto a Francia y Alemania, quieren crear centros de desembarco controlados que funcionen como "un punto de partida" para un acuerdo en todo el bloque.
Sánchez explicó que el planteo con Emmanuel Macron y Angela Merkel es una "respuesta europea" que pretende "no sólo respetar los derechos humanos de los migrantes, sino tener una política migratoria responsable que haga frente a la realidad".
El presidente francés, por su parte, dijo que debe encontrarse una solución basada en la "cooperación" y los "valores" europeos, aunque "no participen los 28 Estados miembros" y llamó a reducir "de forma humana y metódica" la migración ilegal.
Para el francés, la solución debe combinar la cooperación con países de origen y tránsito de los inmigrantes, el refuerzo de la protección de las fronteras exteriores -incluidos los centros de desembarco- y un mejor reparto de la carga migratoria.
Merkel, por su parte, expresó hoy su confianza en lograr "rápidos acuerdos y lograr soluciones equilibradas y justas". Y puso énfasis al afirmar que los acuerdos serán previsiblemente "entre algunos socios", zanjando así las diferencias con varios países.
La propia mandataria carga con mucha presión al interior de su gobierno de coalición, que tambalea al ritmo de lo que suceda con el tema migratorio.
Sus aliados de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), liderados por el ministro del Interior, Horst Seehofer, amenazan con una ruptura del bloque de Gobierno si no se da un giro restrictivo en la política de asilo, que devuelva a los refugiados al país donde se registraron al ingresar en la UE.
Seehofer le dio a Merkel un ultimátum el lunes pasado para consensuar una solución a nivel europeo en la cumbre y amenazó con implantar unilateralmente controles fronterizos, de no lograr ese objetivo.
En tanto, el primer ministro belga, Charles Michel, abogó por un control más "estricto" de las fronteras exteriores y por la reforma del sistema de Dublín que rige las demandas de asilo en la UE y por el cual los solicitantes tienen que pedir protección al primer país miembro al que llegan.
El jefe del Gobierno croata, Andrej Plenkovic, pidió "ser más coherentes" en términos de la dimensión externa de la migración, en la asociación con los países de origen y de tránsito y en el refuerzo de las fronteras exteriores.
En tanto, el primer ministro danés, Lars Lokke Rassmussen, recordó que su país registró las cifras más bajas de demandas de asilo en diez años "gracias al acuerdo con Turquía" que implicaba que ese país acoja a refugiados.
Para él, se trata de discutir "la dimensión exterior" de la cuestión migratoria y de dar "ideas sobre cómo resolver el problema mediante cooperación con países en África y de origen".
El ala más dura contra la inmigración la encarna el nuevo gobierno italiano y su flamante premier, Giuseppe Conte, quien pidió un "cambio radical", recriminó la falta de apoyo del bloque durante años y el incumplimiento de las cuotas de acogida de refugiados.
Italia, junto a Grecia o España, es uno de los países adónde llegan más inmigrantes o refugiados. La mayoría de las embarcaciones que parte de las costas libias y atraviesa el Mar Mediterráneo tiene a Italia como destino. Sólo en 2017 llegaron por esa vía 120.000 personas.
El nuevo Ejecutivo italiano anunció una línea dura contra la migración que ya impuso con la negativa al atraque de barcos de ONG con migrantes rescatados del mar, como el Aquarius, que amarró en España, o el barco de la ONG alemana Lifeline, que sigue en el mar desde hace tres días.
Desde Malta, su primer ministro, Joseph Muscat, afirmó que "no es momento de apuntar con el dedo" tras rechazar al Lifeline con 230 personas a bordo. "Venimos a esta reunión con la mente abierta. Esperamos que todo el mundo alrededor de la mesa adopte la misma actitud", declaró.
Los ausentes son los países del Grupo de Visegrado -Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia- que rechazan el sistema de cuotas de reparto, piden más control de las fronteras y crear centros de acogida fuera de la UE, una posición que comparte Austria, que asumirá en julio la presidencia del Consejo.
