30 de agosto: Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas
En el año 2010, la Asamblea General de Naciones Unidas designó el 30 de agosto como el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, debido al “aumento de las desapariciones forzadas o involuntarias en diversas regiones del mundo con la resolución A/RES/65/209L.
Desde hace más de 30 años, el grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas de la Organización de Naciones Unidas (ONU) ha documentado 53.232 desapariciones forzadas en todo el mundo. En 42.600 de estas el paradero de la víctima es desconocido.
Inicialmente, las desapariciones forzadas se producían en el contexto de las dictaduras pero hoy en día pueden ocasionarse por conflictos internos de los países, según voceros de Naciones Unidas.
Para luchar contra este flagelo, en 2010, la ONU aprobó la entrada en vigor de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas víctimas de las Desapariciones Forzadas. La Convención tiene como meta erradicar las desapariciones forzadas y evitar que los crímenes queden en la impunidad, además de brindar apoyo a las víctimas y a sus familias.
Una desaparición forzada ocurre cuando una persona es detenida o secuestrada por el Estado o por agentes que actúan en su nombre, y luego se niega que la persona se encuentre detenida o se oculta su paradero, apartándola así de la protección de la ley. Sus familias y amistades en muchos casos jamás llegan a saber qué les sucedió.
Sin embargo, esas personas no se desvanecen sin más. Alguien, en algún lugar, sabe qué fue de ellas. Alguien es responsable. La desaparición forzada es un delito según el derecho internacional, pero demasiado a menudo los responsables eluden la acción de la justicia.
Desde 2003, con el gobierno de Néstor Kirchner y la continuación en manos de Cristina Fernández de Kirchner, se ha avanzado mucho en materia de derechos humanos, delitos de lesa humanidad y en las condenas a los represores.