Hoy recordamos a Mariano Moreno

Mariano Moreno nació en Buenos Aires, el 23 de setiembre de 1778 y murió cerca de la costa de Brasil el 4 de marzo de 1811. En 1789 ingresó al prestigioso Colegio San Carlos como oyente ya que la condición social de su familia no le permitía hacerlo como interno. Vinculado a algunos sacerdotes de prestigio, como Fray Cayetano Rodríguez, obtuvo apoyo económico para viajar a Charcas, donde estudió leyes y obtuvo el título de abogado en 1804.
En 1805 regresó a Buenos Aires y ejerció su profesión en la ciudad con la venia de la Real Audiencia. La asonada del 1º de enero de 1809 contra Liniers lo introdujo de lleno en la trama política prerrevolucionaria. Participó del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, donde dio su voto a favor de la destitución de Cisneros. Tres días después se convertía en el secretario de la Primera Junta.
Su actividad en ese puesto representó la cara más radical de la Revolución. Moreno participó del órgano de difusión de la Junta, “La Gaceta”; planificó la apertura de los puertos de Ensenada y Maldonado; alentó el libre comercio y dirigió personalmente la acción contra los focos contrarrevolucionarios, el más importante de ellos en Córdoba. En ese tiempo también creció la disputa entre su posición audaz y la moderada de Saavedra,. En diciembre, Moreno puso objeciones al ingreso de diputados de las provincias para conformar la Junta Grande, ya que, según su punto de vista, dificultaba la capacidad expeditiva del nuevo gobierno. Sin embargo su propuesta fue rechazada, y, sin espacio de maniobra política, prefirió alejarse del país.
Fue enviado en una misión diplomática a Londres. Zarpó en enero de 1811 de Ensenada, pero cayó rápidamente enfermo en altamar; su situación empeoró cerca de la costa de Brasil, según los testigos, por la administración inadecuada de un medicamento. Murió cerca de la costa de Brasil el 4 de marzo y su cuerpo fue arrojado al mar. Las suspicacias futuras vieron en esta escena un envenenamiento por encargo político. Fue Saavedra quien lanzó su célebre frase: "Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego".