28 de agosto: Día Nacional de la Ancianidad

Día Nacional de la Ancianidad, en recuerdo de la proclamación de los derechos de la ancianidad, por parte de Eva Perón, el 28 de agosto de 1948, que fueron incorporados a la Constitución luego de la reforma de 1949.

Esta jornada tan significativa y trascendente recuerda el día en que María Eva Duarte dio lectura en la sede del Ministerio de Trabajo de la Nación a la Declaración de los Derechos de la Ancianidad y que entregó en manos propias al entonces Presidente constitucional General Juan Domingo Perón, solicitando que tales derechos fueran incorporados a la Legislación y la práctica institucional de la Nación.

Constituye este acontecimiento sucedido el 28 de agosto de 1948, un acto de solidaridad y amor al prójimo que enaltece la figura de aquella extraordinaria mujer y su equipo de trabajo que elaboraron aquel proyecto, pionero en el mundo, incorporado luego a la Constitución Nacional de 1949.

El decálogo de los derechos de la ancianidad entendía con firmeza la protección social integral de la persona humana en la etapa pasiva de su vida.

A saber:

1. DERECHO A LA ASISTENCIA.

2. DERECHO A LA VIVIENDA.

3. DERECHO A LA ALIMENTACION.

4. DERECHO AL VESTIDO.

5. DERECHO AL CUIDADO DE LA SALUD FISICA.

6. DERECHO AL CUIDADO DE LA SALUD MORAL.

7. DERECHO AL ESPARCIMIENTO.

8. DERECHO AL TRABAJO.

9. DERECHO A LA TRANQUILIDAD.

10. DERECHO AL RESPETO.

La Argentina fue vanguardia en el mundo de incluir en su legislación los derechos de los adultos mayores. Estos derechos fueron proclamados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en la ciudad de París, Francia, en septiembre de 1948.

A partir de esa presentación de la República Argentina en aquel foro internacional, el resto de los países del mundo empezó a desarrollar con interés y dedicación el sensible tema de la ancianidad.

En esta jornada de especial recordación, la comunidad trabajadora organizada en la Confederación General del Trabajo C.G.T. Regional Concordia reafirma su reconocimiento y gratitud para los hombres y mujeres de la tercera edad, a veces, ignorados y desplazados por una sociedad consumista sumida en la indiferencia y la frivolidad que no advierte que, a su lado sus ascendientes, se van apagando en la soledad y el gris de una vida que se extingue en silencio ante la ausencia total de sentimiento y amor al semejante.

Los principios esenciales del sindicalismo organizado, basados en la dignidad humana, la solidaridad y la justicia social nos recuerdan permanente y básicamente la atención debida a nuestros queridos ancianos. Sus ideales, que enarbolaron en otrora etapas, son exactamente los mismos que nosotros llevamos hoy adelante.

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