Venezuela: La Guaira se convirtió en la principal zona de desastre

El doblete sísmico que sacudió la zona norte de Venezuela, con sendos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, respectivamente, han dejado al menos 920 fallecidos, así como a más de 3.000 heridos, además de haber causado el colapso de unas 380 estructuras, entre viviendas unifamiliares y multifamiliares.
Aunque los epicentros se sucedieron a cientos de kilómetros de la costa del país, fue en el ribereño estado La Guaira donde se registraron las mayores afectaciones, al punto que, a pocas horas de los movimientos telúricos la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, declaró la entidad como zona de desastre.
Singularidad, "doblete" y profundidad
Lo sucedido se explica a partir de una combinación de factores que abarcan más que la intensidad de los seísmos. El norte de Venezuela está ubicado en la convergencia de las placas Caribe y de América del Sur, lo que significa que se trata de una zona con alto nivel sísmico. En particular, esa parte del país está atravesada por un sistema de fallas geológicas articulado en tres ramales: Boconó (occidente), San Sebastián (centro) y El Pilar (oriente), de donde se desprenden otras fallas secundarias que permanentemente liberan tensión.
"Nosotros tenemos un sistema de fallas que recorre Venezuela de oriente a occidente, en esta línea de costa que marca la zona de contacto entre dos placas tectónicas, entre la placa de Suramérica y la placa del Caribe. Es allí donde se está ejerciendo [la fricción] y hay un contacto. Estamos bastante cerca. Es la zona de costa la que está siendo más afectada por este choque de las dos placas", sostuvo el geógrafo y profesor universitario Antonio de Lisio, en conversación con France24.
Visto en contexto, se trata de una singularidad geológica, pues en todo el planeta solo hay 15 placas tectónicas. A ello se suma que la placa Caribe es lo que los especialistas denominan "una placa menor" y su límite superior, a su vez, recibe las presiones de la placa Norteamericana, razón por la cual tiende a acumular más energía.
"El terremoto de magnitud 7,5 ocurrido el 24 de junio de 2026 al sureste de Yumare, Venezuela, se produjo como resultado de una falla de deslizamiento horizontal superficial cerca del complejo límite de placas entre las placas del Caribe y Sudamericana. En la zona del sismo, la placa del Caribe se desplaza hacia el este con respecto a la placa Sudamericana a una velocidad de aproximadamente 20 mm/año", explicó el Servicio Geológico de EE.UU. (USGS).
El organismo añadió que este movimiento telúrico tuvo lugar en "un importante sistema de fallas de deslizamiento horizontal dextral que atraviesa el norte de Venezuela" y puntualiza que " fue el sismo principal de una secuencia sísmica doble severa, ocurriendo tan solo 39 segundos después de un sismo precursor de magnitud 7,2. Una secuencia doble —definida como dos terremotos de magnitud similar que ocurren en un corto intervalo de tiempo y proximidad— probablemente indica un proceso complejo de interacción de rupturas".
Por esas razones, parte de la devastación que hoy exhiben zonas enteras del estado La Guaira, se debe en parte a que las edificaciones fueron sacudidas por un seísmo de alta intensidad —el denominado "precursor"— que, con toda probabilidad, ocasionó daños estructurales importantes. De ahí que el colapso de muchos edificios sea atribuible al segundo terremoto, de mayor magnitud e intensidad que el primero y separado en el tiempo por apenas 39 segundos, porque agudizó lo que era ya una situación comprometida.
Otro factor clave es la escasa profundidad a la que tuvieron lugar los seísmos. El epicentro del precursor —de 7,2 en la escala de magnitud de momento— estuvo a 20 kilómetros de profundidad, al tiempo que el segundo —de 7,5— se ubicó todavía más cerca de la superficie: apenas a 10 kilómetros.
La consecuencia directa de esta situación es que las ondas recorrieron una distancia relativamente corta antes de llegar a la superficie, lo que aumentó decisivamente su potencial destructivo.
Tipo de suelo y heridas geológicas
El estado La Guaira abarca una franja estrecha entre el mar Caribe y la cordillera de la Costa, donde los suelos son de origen sedimentario, como llamara a recordar en una entrevista con France24 el ingeniero experto en sismos Oswaldo Felizzola.
"Los suelos de esas regiones tienden a ser de tipo no tan firmes como los que hay en otras partes del país. Recordemos que, a lo largo de todo el territorio venezolano, Venezuela fue básicamente construida a partir del río Orinoco. Por eso se dice que toda la zona norte de Venezuela está hecha de sedimentos de río", detalló el experto.
Esto significa que los suelos son menos compactos y contienen agua en sus poros. Por eso, actúan como una suerte de filtro que deforma, atrapa y amplifica las ondas sísmicas. En el peor de los casos, el suelo puede llegar a licuarse; es decir, a perder toda capacidad de soporte y pasar de estado sólido a líquido debido a la saturación de sus poros por exceso de agua.
De otra parte, está la propia historia de desastres naturales en La Guaira. En diciembre de 1999, tras varios días de copiosas precipitaciones, gran parte de la entidad resultó afectada por aludes de barro que sepultaron barriadas y urbanizaciones enteras. La tragedia dejó miles de decenas de víctimas, entre fallecidos y damnificados, y cambió la morfología de numerosas zonas, luego reconstruidas por el Estado venezolano en un esfuerzo que se prolongó por más de una década.
Finalmente, está la resistencia de las edificaciones. Luego del terremoto de Caracas de 1967, que también ocasionó que muchas edificaciones del estado La Guaira sufrieran colapsos o daños estructurales de consideración, los expertos establecieron rigurosas normas de construcción orientadas a mitigar las pérdidas humanas y materiales asociadas a eventos telúricos. El objetivo no es evitar el colapso de edificios, pues este es prácticamente inevitable en el caso de grandes sismos, sino que dé tiempo de evacuar a las personas.
En el caso de La Guaira, es posible que se hayan combinado la presencia de infraestructuras levantadas antes de la modificación de las normas antisísmicas, afectaciones ocurridas en la tragedia de 1999, cuyo impacto no se estimó grave, y edificaciones levantadas sin atención a las normativas, con independencia de su fecha de construcción.
Sobre este asunto, la ingeniera venezolana Luiraima Salazar advierte: "Los terremotos no matan por sí mismos. Lo hacen las construcciones vulnerables, la falta de planificación y la desinformación. Por eso, la mejor herramienta frente al riesgo sísmico no es la predicción, sino el conocimiento".