La complejidad de la Ley Bases y nuevo Estatuto del Coloniaje se explica fácil con la frase de Grabois: los perros de Milei comen, los niños pobres no

La aprobación en general de la ley Ómnibus presentada el viernes pasado nos recuerda al Estatuto del Coloniaje sobre el cual no se habla mucho últimamente ni, aún menos, se enseña en las escuelas a pesar de ser un acontecimiento histórico de gran importancia.

El Estatuto Legal del Coloniaje fue el nombre puesto por Arturo Jauretche al Pacto Roca-Runciman de 1932 que otorgaba privilegios impositivos a las importaciones de productos manufacturados del país de “Su Graciosa Majestad”, a la vez que entregaba el monopolio del comercio exterior de la carne a los intereses británicos durante la Década Infame (1930-1943). Dando así la eufemística “seguridad jurídica” para: las grandes ganancias de los terratenientes argentinos y los frigoríficos ingleses; alimentos baratos para los súbditos del referido país colonizador; hambre para el pueblo argentino; competencia desleal a los productores locales –absolutamente todo esto garantizada por el Estado Nacional-.

En definitiva, la primarización de la economía argentina y en manos extranjeras y el destino ruinoso para los intereses mayoritarios argentinos. Hoy, con votación afirmativa de la ley Ómnibus, vivimos la reedición de éste modelo de país, actualizado a la realidad contemporánea y con un falso discurso de “pretendida” ausencia del Estado.

Se trata de la normativización de un modelo de país que consolida legalmente la una serie de realidades económicas ya en proceso de consolidación, mal que nos pese, también durante gobiernos propios: la extranjerización de la producción nacional, la división internacional del trabajo acorde a las multinacionales sojeras, la concentración monopólica de la economía, la pérdida del trabajo argentino y su valor agregado, los privilegios para unos pocos y el hambre de muchos. Nos lleva al país que tanto añora el Presidente SinLey, el de hace 100 años atrás, un país con alto PBI en manos de muy pocos y con 50% de su población desnutrida.

Es el país de injusticia, de opresión, y de pobreza generalizada que se parece al que vivimos hoy y describe el dirigente social y político Juan Grabois cuando afirma que Los perros de Milei comen los hijos de los pobres no. Pero ese país no duró por siempre.

Desde el año 1943 fue revolucionado con la llegada del General Perón al gobierno. Quien luego de apenas una década dejó un país con no menos del 50% del PBI en los bolsillos la clase trabajadora, industrias, desarrollo científico y tecnológico, niños bien alimentados, una nación que destacaba internacionalmente en deporte, cine y al producir –al igual que 8 potencias mundiales de esa época-  su propio avión a reacción.

A diferencia del paralelismo entre Roca-Runciman y la Ley Ómnibus, Perón nos legó el Estatuto Legal de la Patria Soberana con la Constitución de 1949 que plasmaba en un papel la realidad de un Pueblo feliz, de la dignidad del trabajo, la familia y la educación. En definitiva, de la vida misma en una Patria realizada. Una época de crecimiento, desarrollo y distribución de la riqueza sólo comparable con los años de la dupla Néstor Kirchner-Cristina Fernández durante la cual se logró la mayor cantidad de años de crecimiento continuo desde el nacimiento de nuestro país. Realidades invisivilizadas por el aparato de propaganda colonial ya legalizado hace años.

El panorama de estas horas se avizora triste y oscuro. Pero la historia nos enseña que los sueños se construyen, que se volvieron realidad más de una vez y lo volveremos a hacer, pero esta vez para ser definitivos se requerirá que el movimiento nacional y popular adquiera un crecimiento cualitativo: la madurez para asumir posiciones de más firmeza y dureza. Al decir del derecho romano: dura lex sed lex, pero aplicado desde el punto de vista de los derechos humanos que permite la regresión en derechos de unos pocos en beneficio de las mayorías.

Finalizo con palabras de esperanza, con proyectos de Victoria, porque vamos a vencer esta etapa de oscuridad y vamos a restaurar todo lo que es bueno para nuestro país.

Alejandro Anania
Abogado, integrante del Frente Patria Grande San Luis

 

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