Falleció el expresidente Fernando De La Rúa

El ex presidente Fernando De la Rúa murió este martes a los 81 años tras permanecer internado en varias instituciones desde el 1 de enero de este año a raíz de sus problemas de salud.
De la Rúa ya había tenido que ser asistido por problemas coronarios y renales en enero y mayo pasados. En 2018 fue sometido a una angioplastia luego de sufrir un infarto y en 2016 fue intervenido por un tumor en la vejiga, con resultado favorable.
Al frente de la Capital Federal tuvo una gestión alineada con la centroderecha local pero también orientada a cierta mirada joven de la mano de funcionarios que llegaban de la Franja Morada, entre ellos Darío Lopérfido y Hernán Lombardi (en aquel momento algo así como el ala progre de la UCR), quienes armaron una movida cultural que incluyó los hoy arraigados festivales de cine, teatro y tango, además de masivos recitales populares en las calles.
El modo avión de su jefatura comunal, su perfil de honesto hombre de familia, las múltiples denuncias por corrupción contra el menemismo y la crisis económica que ya se mostraba como imparable, derivaron en el triunfo de la Alianza que formaron la UCR, los ex PJ del Frepaso y el Partido Socialista. Ahí finalmente logró lo que había prometido 16 años antes. En fórmula con Carlos "Chacho" Álvarez, Fernando de la Rúa llegó a la Casa Rosada para protagonizar uno de los dislates más sonoros de la política argentina del siglo XX.
Desocupación, números en rojo en todos los frentes, represión creciente, pobreza galopante, compra de voluntades en el Congreso y el golpe mortal que significó la explosiva renuncia del "Chacho" a la vicepresidencia derivaron en la debacle del 19 y 20 de diciembre de 2001, apenas dos años después de la asunción presidencial. Con decenas de muertos en calles tomadas por una Policía desatada, De la Rúa renunció a su cargo y abrió una de las etapas políticas más críticas de la historia del país.
Tras su salida de la Casa Rosada, la vida de De la Rúa se resumió en cuidar las plantas de su casa y visitar los tribunales de vez en cuando para dar cuenta de su responsabilidad en la masacre con la que se despidió del poder. Hasta estos últimos días, en los que volvió a las letras de molde y los titulares por su corazón que poco antes de su renuncia de 2001 ya estaba afectado y que lo mantuvo a raya durante los últimos lustros.
Su final fue, en cierta medida, una representación con ribetes casi tan trágicos y paulatinos como los de sus últimos días en el Poder Ejecutivo, como escenas que se van fundiendo a negro en una mala película, triste, solitaria, final.