Netanyahu canceló abruptamente un acuerdo migratorio alcanzado ayer con la ONU
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, canceló hoy un acuerdo migratorio alcanzado ayer con una oficina de las Naciones Unidas (ONU), en una decisión inesperada que puso en duda su liderazgo y que generó duras críticas de la oposición y de organizaciones humanitarias.
El movimiento de Netanyahu llegó en medio de una nueva contienda abierta en Gaza contra los refugiados palestinos, que el jueves iniciaron una protesta de 45 días por el derecho al retorno de los expulsados por Israel que terminó en un baño de sangre.
"Después de evaluar ventajas y desventajas, decidí cancelar el acuerdo", informó Netanyahu en relación al acuerdo firmado ayer con la agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), que evitaba la deportación forzosa de más de 30.000 inmigrantes africanos que residen ilegalmente en el país.
Presionado por sectores conservadores y nacionalistas, Netanyahu anticipó su decisión anoche y hoy, en un acto con vecinos del sur de Tel Aviv, hizo el anuncio formal.
"De vez en cuando, se toma una decisión que debe considerarse", declaró frente a los pobladores de uno de los barrios que son epicentro del conflicto migratorio desatado por la llegada de inmigrantes africanos en los últimos años.
El anuncio tomó por sorpresa a la Acnur, que no se enteró de la cancelación por la oficina del primer ministro sino por la prensa.
El portavoz del organismo en Ginebra, William Spindler, no pudo aclarar si el acuerdo será retomado, aunque subrayó que están en contacto con la oficina de Netanyahu y siguen creyendo que el acuerdo alcanzado el lunes "beneficia a todos".
En coincidencia con ese comentario, el organismo emitió un comunicado en el que se manifestó decepcionado por la novedad e instó a Netanyahu a reconsiderar la situación.
"El Acnur sigue creyendo que un acuerdo que beneficie tanto a Israel como a la gente que necesita asilo está en el interés de todos. Alentamos al gobierno de Israel a reconsiderar esa cuestión", puntualizó el texto.
Ese pacto apunta al plan de expulsiones que Israel ejecuta desde 2013, por el cual se invita a los solicitantes de asilo africanos a abandonar el país "voluntariamente", con 3.500 dólares y un ticket de avión a un país no especificado, o ser encarcelados.
La solución propuesta por la Acnur y aceptada inicialmente por Israel implicaba que la agencia para los refugiados se haría cargo de la reubicación de 16.500 inmigrantes en países occidentales, mientras que los otros 16.000 recibirían el permiso para residir legalmente en Israel.
Pero los sectores más conservadores y nacionalistas de Israel, incluso los socios del gobierno, pusieron el grito en el cielo y se manifestaron públicamente contra el acuerdo.
"Dar estatus a 16.000 infiltrados en Israel convertirá al país en el paraíso para los infiltrados y constituye una rendición", dijo el ministro de Educación y socio principal de la coalición de gobierno, Naftalí Benet.
Benet, líder del partido nacionalista Hogar Judío, tuiteó que el acuerdo "es malo para Israel" y que debía ser cancelado "por completo".
Otros ministros como Ayelet Shaked, Miri Regev, Yisrael Katz y Moshe Kahlon también criticaron el convenio y obligaron a Netanyahu a ceder a las presiones, una decisión que deja en el limbo a unos 38.000 inmigrantes africanos, casi la totalidad de ellos provenientes de Eritrea y Sudán.
Decenas de personas se manifestaron hoy frente a la sede del Likud, el partido de Netanyahu, y frente a su residencia en Jerusalén, algunos de ellos con el torso desnudo y encadenados, emulando la venta de esclavos.
Además, políticos de la oposición y ONGs defensores de los derechos de los inmigrantes criticaron al primer ministro y pusieron en duda su liderazgo, informó la agencia de noticias EFE.
El líder del Partido Laborista, Avi Gabbay, criticó el repentino cambio de Netanyahu y se preguntó si las decisiones en Defensa también se toman de esa manera.
Asimismo, el líder de la oposición en el Parlamento y diputado laborista Isaac Herzog consideró que "el absurdo espectáculo de las últimas horas" demuestra la "debilidad" del primer ministro.
La prensa israelí informó que los deportados podrían ser enviados a Ruanda y Uganda, dos naciones que, a cambio de dinero, armas y entrenamiento, aceptaron recibirlos.
"Este no es mi lugar, no puedo trabajar. Espero que no deporten a otros. Aquí es mucho peor", dijo al diario israelí Haaretz un solicitante de asilo sudanés deportado a Uganda, donde las autoridades le retuvieron los documentos y no le dieron estatus legal.
La migración africana hacia Israel empezó en 2005, luego de que Egipto reprimiera una manifestación de refugiados e hiciera correr la voz sobre la seguridad y las oportunidades de empleo que había en Israel.
Decenas de miles de africanos cruzaron la porosa frontera del desierto egipcio antes de que Israel frenara la afluencia con una valla en 2012.